
En Cáceres habíamos pasado la noche en el albergue Las Veletas, un albergue turístico privado en que recibes una buena atención, es céntrico y cómodo. Recomendable.
Me encuentro perfectamente, camino cómodo y las primeras horas, con la fresca, lo hago a buen ritmo, rápido.
Las cercas de alambre de espino terminan agobiando, en Casar de Cáceres son de piedra, tapiales que serpentean el paisaje ondulado de pastos y grandes piedras de granito dispersas en él, paré a pintar y en ese tiempo pasaron varios ciclistas con los que había coincidido en Cáceres. Diferentes ritmos. Me gusta hablar con ellos cuando coincidimos en el camino, algunos lo hacen fácil y optan por las carreteras que yo trato de evitar.
El tiempo fue cambiando y a media mañana apenas tuve tiempo para ponerme prendas de agua y cubrir la mochila, a continuación cayó una buena tromba de agua bajo la que caminé sin posibilidad de resguardarme en ningún lugar. Tengo que reconocer que se pasa miedo en situaciones semejantes.